IRÁN BAJO FUEGO: El presente análisis del periodista y analista Juan Alberto Sánchez Marín disecciona a la ofensiva multidimensional que enfrenta la República Islámica de Irán por parte de Estados Unidos y sus aliados.
La pieza argumentativa establece un paralelismo directo entre la situación de Teherán y la de Venezuela, presentando a ambas naciones como bastiones de resistencia cuya soberanía es vital para el equilibrio de sus respectivas regiones y para la conformación de un nuevo orden mundial.
A través de una crítica aguda al intervencionismo occidental, el video advierte que las agresiones no son hechos aislados sino parte de una estrategia mayor para frenar el ascenso del Sur Global. Sanciones económicas, manipulación mediática y operaciones de inteligencia buscan desestabilizar a los países que desafían la hegemonía de Washington.
La ofensiva total y la resistencia milenaria
Irán enfrenta en la actualidad una guerra que trasciende lo convencional; se trata de un ataque implacable ejecutado en múltiples ámbitos y de forma simultánea.
Los enemigos de la nación persa han desatado una ofensiva sin cuartel donde la resistencia no es una opción, sino una necesidad existencial forjada a través de milenios de historia y consolidada durante los últimos 47 años por la Revolución Islámica.
Esta coherencia interna resulta fundamental, pues la defensa de su independencia recae sobre los hombros de los propios iraníes, aunque la causa demanda solidaridad internacional por lo que representa frente a las potencias agresoras.
La estrategia de asfixia aplicada por Washington no se limita a lo militar. La embestida abarca todos los frentes posibles: comercial, financiero, energético y tecnológico.
Mediante la imposición de sanciones unilaterales e ilegales, Estados Unidos busca quebrantar la economía iraní, contando a menudo con la complicidad de la Unión Europea y el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para otorgar una apariencia de legalidad a estos montajes.
Geopolítica de la Resistencia: Teherán y Caracas como ejes decisivos
Para comprender la magnitud del conflicto es necesario mirar más allá de las fronteras físicas. Irán y Venezuela son mucho más que la superficie que ocupan; en ellos se cruzan rutas, destinos y proyectos cruciales para el mundo que está por venir.
El futuro de Asia Occidental depende en gran medida de la capacidad iraní para mantener su soberanía, del mismo modo que el destino de América Latina está ligado a la resistencia venezolana.
No es casualidad que el imperialismo estadounidense y el sionismo israelí mantengan a ambos países en la mira de sus agresiones constantes; ambos representan obstáculos formidables para sus planes de dominación regional.
En este contexto de poderes en confrontación, figuras opositoras como Reza Pahlavi, hijo del último Sha, o la venezolana María Corina Machado, juegan roles similares al solicitar intervención extranjera.
Pahlavi es un personaje impopular que financian capitales sionistas. Pahlavi clama por la ayuda de Donald Trump y evidencia una desconexión total con la realidad de su pueblo y la sumisión a intereses foráneos.
Las élites, acostumbradas a no perder, perciben la fatalidad de que Estados Unidos deje de ser el centro del mundo y, ante la frustración, recurren a la violencia y el intervencionismo.
La maquinaria de distorsión y el doble rasero
La guerra híbrida se libra con ferocidad en el terreno de la información.
Los grandes medios corporativos actúan como cajas de resonancia de los intereses de sus capitales. Dan por hecho la caída de las autoridades iraníes y la destrucción del país, y proyectan el deseo de convertir a Irán en otro escenario de caos similar a Libia o Afganistán.
La manipulación es tal que cualquier protesta legítima es infiltrada por agencias de inteligencia, como la CIA, el MI6 o el Mossad, para derivar en terrorismo, mientras las pantallas occidentales presentan esta violencia armada como exigencias democráticas.
Existe una hipocresía sistémica en la narrativa occidental.
Las cualidades éticas y la defensa de la dignidad se castigan caro, mientras que crímenes de guerra y exterminios son tolerados si los perpetran aliados.
Figuras como Benjamín Netanyahu o la dirigencia extremista en Siria ejecutan actos brutales, que la prensa justifica o ignora. Y cuando Irán actúa en defensa propia o sus ciudadanos se movilizan a favor del Gobierno, esos flujos informativos invisibilizan la realidad o transmutan la armonía en violencia con el fin justificar el intervencionismo.
«A nadie le importa la verdad, solo vale que se impongan las medidas más absurdas contra el país que es culpable de mucha dignidad»
Irán bajo fuego: El Sur Global en la mira
La agresión contra Teherán debe interpretarse como una advertencia dirigida a los cuatro vientos. El mensaje va para China y su iniciativa de la Franja y la Ruta, para Rusia y sus corredores en el Cáucaso, para los BRICS y para todas las naciones africanas que han comenzado a insubordinarse.
Estados Unidos irá paso a paso por cada país que no marche al compás de sus dictados, ya sea mediante ataques directos, tercerizados o carcomiéndolos desde adentro con mercenarios y espías.
Irán sabe que es el siguiente en la lista de planes bélicos y de desestabilización, aunque el costo para los agresores será altísimo.
La administración estadounidense, con figuras como Donald Trump, Marco Rubio y J. D. Vance, insiste en que todas las opciones están sobre la mesa, y buscan mantener una farsa hegemónica que se desmorona.
El peligro radica en que los instigadores de estos conflictos, los grandes capitales de Wall Street y el complejo militar industrial, no pagarán las consecuencias.
Quienes sufrirán los costos en vidas e impuestos serán los ciudadanos comunes estadounidenses, arrastrados a guerras ajenas por una élite que se niega a aceptar el fin de su dominio unipolar.
Irán, por tanto, no solo defiende su territorio, sino que se posiciona a la vanguardia de una lucha global por la multipolaridad y el respeto a la soberanía de los pueblos.





