Análisis geopolítico de Juan Alberto Sánchez Marín, quien ofrece sus reflexiones acerca de la cumbre G20 en Sudáfrica, celebrada por primera vez en el continente africano. Discute también los temas centrales de la agenda, como el fortalecimiento del multilateralismo y la búsqueda de la paz en Gaza.
Sánchez Marín se enfoca en determinar si este foro tiene la capacidad real de producir decisiones vinculantes y si la notable ausencia de Estados Unidos es un síntoma decisivo; ¿será el fin de la hegemonía estadounidense?
La relevancia creciente del Sur Global
Que esta cumbre se haya celebrado justamente en Sudáfrica, siendo la primera vez que se realiza en el continente africano, es un hecho diciente.
Sudáfrica y, en general, África, al igual que América Latina y el Sur Global, juegan un papel cada vez más relevante en el mundo contemporáneo, un papel que nadie puede desconocer.
Si los países involucrados en esta cumbre profundizan en relaciones independientes, establecen marcos de colaboración y apoyo mutuo, y actúan en beneficio de sus poblaciones, la reunión sin duda tendrá importancia.
Cualquier país o institución que no comprenda que el mundo ha cambiado y que continúa en un proceso de reacomodo de fuerzas se quedará al margen de la historia, en lo que podríamos denominar los «suburbios del futuro».
La paradoja de la inutilidad del consenso
La importancia de esta cumbre no irá más allá de los compromisos políticos que cada gobierno o grupo de gobiernos decidirá si cumplen o no.
Las declaraciones conjuntas que surgen de estos encuentros son hojas de ruta que quedan sujetas únicamente a la buena o mala voluntad de los respectivos gobiernos, nada más.
Existe un contrasentido inherente a este foro; el G20 fue fundado con el espíritu de Estados Unidos.
Si bien con Estados Unidos presente es más difícil alcanzar consensos, sin su participación, lo que se acuerde será completamente inútil, ya que es precisamente Estados Unidos el país que causa los grandes males y niega las soluciones globales.
G20 en Sudáfrica: ¿fin de la hegemonía estadounidense?
El hecho de que Donald Trump no asistiera a la cumbre del G20 es ciertamente diciente, y manifiesta hasta qué punto el mundo es otro.
Aunque el presidente Trump no consiguió sabotear la cumbre con su inasistencia, sí podemos dar por seguro que intentará hacer hasta lo imposible para que los compromisos allí adquiridos no se concreten.
Esto se debe a que el papel actual de Estados Unidos en la escena global no es de construcción, sino de «destrozo», y causa estragos y daño no solo al propio país, sino al nivel mundial.
«Estados Unidos, el país que causa los grandes males y que niega las soluciones»«
Estados Unidos: de la cooperación a la intimidación
Estados Unidos ha usado la cooperación siempre con segundas intenciones, como una táctica de injerencia, saqueo y dominación.
Pero, en el desespero por mantener la hegemonía, y en la desgracia, la potencia norteamericana ha abandonado incluso esta fachada y ahora basa su interacción con el resto del mundo única y exclusivamente en las armas, es decir, en la intimidación.
Si la cooperación, incluso, con fines de aprovechamiento y usufructo, ya no le sirven, mucho menos le interesará el multilateralismo.
La consecuencia directa de esta postura es que la ausencia de Washington hace que la cumbre del G20, que ya era limitada en su utilidad, sea aún más inútil.
El genocidio en Gaza, un consenso imposible
En cuanto al genocidio contra los palestinos en Gaza, es muy difícil que los líderes del G20 logren siquiera acordar un consenso o emitir una declaración concreta de condena.
Y si se lograra tal declaración, esta iría simplemente a engrosar la larga lista de resoluciones, condenas y peticiones que ya existen.
Los sionistas israelíes y estadounidenses continuarán incumpliendo cualquier llamado a un alto al fuego.
La ausencia de Estados Unidos es un obstáculo indiscutible dado que Washington es el impulsor del genocidio, lo que dificulta bastante llegar a una resolución que tenga un impacto verdadero y real.
Pese a ello, no podría haber algún avance con respecto al impulso del multilateralismo, como la reforma de la ONU, el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial. Sin embargo, a la vez, esto resulta «cuesta arriba» sin la presencia del verdadero dueño de esas instituciones.





