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Farsa Trump en el Caribe: El asedio a la soberanía regional

En este artículo...

Operación "Lanza del Sur". ¿Lucha contra el narco o ejecuciones extrajudiciales? La farsa Trump en el Caribe y su corolario. La verdad del secuestro de Maduro.

El Mar Caribe no es hoy un espacio de tránsito, sino el escenario de un montaje siniestro que ya se cobra más de un centenar de vidas. Es la farsa Trump en el Caribe

Las ráfagas del Comando Sur han vuelto a iluminar el horizonte en la operación «Lanza del Sur». Nuevas embarcaciones han volado por los aires y más vidas fueron segadas bajo el sello de la «lucha contra el narcotráfico”.

Tras la humareda de los misiles, por supuesto, no hay incautaciones ni juicios. Lo que hay es la implementación brutal de la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 y el «Corolario Trump», una doctrina que convierte el derecho internacional en papel mojado. 

Y que, paradójicamente, debilita la propia influencia de Washington al alienar a sus aliados históricos en la región, quienes hoy miran con desconfianza la agresividad de un imperio que ha sustituido la cooperación por la fuerza bruta.

La farsa judicial como arma de guerra

El epicentro de esta infamia fue el bombardeo a Caracas el pasado 3 de enero, seguido del secuestro del presidente legítimo de Venezuela. Estos no son actos de justicia, sino acciones para justificar la piratería moderna y forzar un escenario de cambio de poder por la fuerza. 

Un quiebre institucional de esta magnitud en Venezuela no traería libertad, sino que desestabilizaría profundamente a toda la cuenca del Caribe, disparando la delincuencia transnacional y provocando un aumento masivo de los flujos migratorios que la propia administración Trump dice que quiere detener.

El mundo asiste a una contradicción flagrante: mientras la Casa Blanca justificó la intervención bajo la narrativa del «narco-estado», la propia Fiscalía estadounidense, en un descuido de honestidad procesal o por pura prepotencia, ha tenido que reformular los cargos en las últimas semanas. 

En los documentos presentados ante el tribunal del Distrito Sur de Nueva York en este febrero de 2026, las acusaciones de narcotráfico se han diluido, careciendo de pruebas actuales y obligando a los fiscales a recurrir a supuestos eventos de hace dos décadas.

Un rastro de sangre sin pruebas

La cifra de los supuestos «narcoterroristas» asesinados desde septiembre supera ya los 150 fallecidos. El Comando Sur explota con costosos misiles las lanchas sospechosas, sin necesidad de mostrar evidencia. Es la pena de muerte sumaria ejecutada desde un destructor o un dron.

Como ha denunciado la Presidencia de Colombia, la mayoría de estos «objetivos» son trabajadores del mar, víctimas colaterales de una administración que necesita cuerpos para justificar su presupuesto de guerra. 

Casos como el de Alejandro Carranza, pescador asesinado por un misil estadounidense, son la prueba de que Washington prefiere cuerpos para sus comunicados de prensa que justicia en los tribunales. 

La presión sobre el gobierno de Gustavo Petro no es sutil; al cuestionar esta carnicería, Colombia ha sido incluida en las listas de «no cooperación», buscando forzar al país a retomar una subordinación militarista que ensangriente de nuevo sus costas.

Los arquitectos del caos: Rubio y la prepotencia imperial

Detrás de esta maquinaria se adivina la sombra de personajes que han hecho de la hostilidad contra América Latina su carrera política. El Secretario de Estado, Marco Rubio, emerge como el ideólogo de esta «limpieza» regional. 

Rubio y la administración Trump no buscan detener el flujo de drogas —que sigue inundando las ciudades estadounidenses por otras vías— sino consolidar un control absoluto sobre la región. 

Sin embargo, esta política agresiva corre el riesgo de ser contraproducente para los propios intereses estadounidenses, ya que la violencia indiscriminada solo logra que los países latinoamericanos busquen refugio y alianzas en bloques de poder alternativos.

La agonía de la hegemonía: De Caracas a Teherán

Esta brutalidad regional no ocurre en el vacío. Los personajes siniestros que dirigen esta política entienden que la hegemonía de Estados Unidos se desmorona. Lo que vemos en el Caribe es la reacción violenta de un imperio que pierde terreno frente a la multipolaridad.

La «Doctrina Donroe» (o Corolario Trump) es el manotazo desesperado de una potencia que ya no puede convencer y solo sabe golpear. 

Mientras Washington amenaza con acciones similares contra Irán, Rusia y China, utiliza a América Latina como su laboratorio de control.

El despliegue de aviones AC-130J en bases regionales y las maniobras militares en el Golfo de Omán son dos caras de la misma moneda: un Estados Unidos soberbio que, ante la incapacidad de competir económicamente con el eje del Sur Global, opta por la «cinética» de la destrucción.

Objetivo: la desestabilización regional

La prepotencia imperial ha llegado a un punto de no retorno. El secuestro de un presidente y el asesinato sistemático en alta mar son las piezas de un rompecabezas cuyo nombre es dominación. 

La desestabilización del Caribe no es una vicisitud ni un fallo de la política estadounidense; hace parte de los cálculos.

América Latina debe entender que el «Corolario Trump» no busca protegernos del crimen, sino sentenciar nuestra autonomía para asegurar que, en su caída, el imperio aún pueda apretar el cuello de los vecinos. 

La sangre en el Caribe y el asedio a Caracas son la prueba de que, para el imperio, la verdad es el primer objetivo a destruir.

juan-alberto-sanchez-marin-gravatar

Periodista y director de cine y tv colombiano. Exconsultor N. U. en medios. Catedrático universitario. Productor de programas en HispanTV, RT, TeleSUR, Señal Colombia. Analista internacional. Director dXmedio.

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