El programa «Recuento» de HispanTV analiza cómo la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos ha fracturado la confianza con Bruselas, transformando lo que antes era una alianza entre iguales en una relación de clara subordinación: será Europa traicionada por Estados Unidos?
Según el experto Juan Alberto Sánchez Marín, el viejo continente ha sido relegado a un papel secundario y servil, donde la soberanía europea se desvanece para dar prioridad exclusiva a los intereses de Washington en el actual tablero geopolítico.
El giro radical de la doctrina Trump
La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca no fue solo un cambio de rostro, sino un cambio de paradigma.
Su enfoque de «América Primero» rompió con las formas diplomáticas tradicionales, dejando claro que las prioridades de Estados Unidos ya no pasan por el consenso con sus aliados históricos.
Esta postura ha generado una fricción constante, ya que Bruselas se ve obligada a lidiar con una potencia que prefiere el unilateralismo antes que la cooperación multilateral que tanto defiende la Unión Europea.
Europa traicionada: de socio a satélite de Estados Unidos
Europa ha pasado de ser un aliado clave a convertirse en un satélite que orbita alrededor de las decisiones de Washington.
Esta «traición» no solo viene de fuera, sino que es el resultado de décadas de una dirigencia europea que parece haber claudicado en su búsqueda de una verdadera autonomía estratégica.
Al alinearse ciegamente con las políticas de seguridad y económicas dictadas desde el otro lado del Atlántico, la Unión Europea ha sacrificado su propia soberanía, convirtiéndose en una pieza más del engranaje imperial estadounidense, perdiendo así su voz propia en los asuntos globales más críticos.
«Europa lleva 80 años convertida en un satélite y, lo más grave, es que para lograr la autonomía estratégica ahora los ciudadanos tendrán que meter la mano a unas faltriqueras cada vez más flacas».
La pérdida de la soberanía interna
Uno de los puntos más álgidos del debate es cómo las políticas estadounidenses interfieren en asuntos que deberían ser estrictamente europeos, como la gestión migratoria o las relaciones comerciales con Oriente Medio.
Cuando una potencia extranjera dicta la agenda de seguridad de todo un continente, la soberanía se convierte en un concepto vacío.
Dirigentes bajo sospecha: se cuestiona duramente a las figuras actuales que lideran las instituciones europeas.
Desde Ursula von der Leyen hasta Emmanuel Macron, se les señala por su aparente incapacidad o falta de voluntad para romper con la dependencia de Estados Unidos.
Muchos de estos líderes actúan de espaldas a los intereses de sus propios ciudadanos, privilegiando una agenda transatlántica que, a menudo, perjudica la economía y la estabilidad social de sus naciones.
El costo para el ciudadano de a pie
Esta falta de autonomía no es un tema que solo afecte a los despachos de Bruselas o Washington; tiene consecuencias directas en el bolsillo de los europeos.
La subordinación a las estrategias de confrontación lideradas por Estados Unidos frente a potencias como Rusia o China termina traduciéndose en crisis energéticas, inflación y una reducción drástica del bienestar social.
Al final del día, son los contribuyentes quienes pagan las facturas de una política exterior que no les pertenece y que parece estar diseñada para mantener la hegemonía de un tercero, mientras Europa se debilita.
¿Hacia una autonomía estratégica real?
A pesar del panorama sombrío, el debate deja abierta una pregunta incómoda: ¿es posible que Europa recupere las riendas de su destino?
El camino hacia una autonomía estratégica real parece hoy más lejano que nunca, especialmente cuando las estructuras de poder actuales están tan imbricadas con los intereses del Pentágono y el Departamento de Estado.
Sin un cambio radical en la visión de sus líderes y una presión real de sus sociedades, el continente corre el riesgo de seguir siendo ese «satélite» que, por inercia, acompaña a una potencia en declive, y así se aleja cada vez más de su propio potencial como bloque independiente y soberano.





