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Al-Golani en Siria expone la hipocresía occidental 

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Al-Golani en Siria expone la hipocresía occidental: validar ex-terroristas por geopolítica destruye Siria y el orden internacional.

La complejidad del conflicto sirio se ve exacerbada por la intrincada red de intereses geopolíticos que subyacen a las acciones de las potencias mundiales. La figura de Abu Mohamad Al-Golani, antiguo líder del grupo terrorista HTS (una franquicia de Al-Qaeda en Siria), se erige como una prueba palpable de la doble moral y la profunda hipocresía de los gobiernos occidentales. 

Este análisis profundiza en las repercusiones de esta paradoja y el mensaje estratégico que emana de ella.

‘Al-Golani es exposición abierta y clarísima de hipocresía de Occidente’ dXmedio.

La Devastación de Siria y el Contexto Histórico

Siria, desde 2011, ha estado sumida en una profunda inestabilidad, convirtiéndose en un nido de grupos terroristas con intereses cruzados. 

La intención principal de las intervenciones externas fue la de quebrar al «eje de la resistencia», una fuerza de liberación que se contrapone a las ambiciones de saqueo de las potencias occidentales, la entidad sionista y las monarquías de la región.

El objetivo era claro: debilitar a Rusia e Irán, sin importar las vidas humanas, los derechos, las leyes, o la devastación de pueblos y países. 

Estados Unidos, la entidad sionista de Israel, Turquía, Qatar, la OTAN y otros países lograron su objetivo de destruir Siria, fragmentándola, explotando enfrentamientos regionales y locales, y sembrando odio en su territorio. 

A pesar de la importante participación de países como Rusia e Irán en la recuperación del país de estos grupos, creados y financiados por actores externos, Siria es hoy un país devastado tras 14 años de guerra, con una crisis humanitaria de proporciones enormes y en constante deterioro.

Al-Golani en Siria expone la hipocresía occidental

Al-Golani, que se desempeña como presidente de la República Árabe Siria desde el 29 de enero de 2025, es un individuo con un historial documentado de cortar cabezas y cometer toda clase de actos infames.

Se le acusa de crímenes de guerra y limpieza étnica, así como de ser un extremista desalmado, lleno de prejuicios étnicos y religiosos.

Pero Al-Golani ha experimentado una sorprendente metamorfosis en el discurso occidental.

Quien antes era un terrorista con una recompensa de 10 millones de dólares por su cabeza por parte del Departamento de Estado de Estados Unidos, ahora es referido como un «dirigente rebelde» o un «líder insurgente”.

Donald Trump, incluso, lo recibió en la Casa Blanca, y se refirió a él con eufemismos, como si fuera alguien que cometió sus cosas, alguna que otra fechoría, unas cuantas pilatunas. «Es un hombre duro”, sostuvo el mandatario estadounidense.

Esta normalización y el levantamiento de la recompensa, no solo contradicen las clasificaciones previas de HTS como grupo terrorista por parte del mismo Estados Unidos y la Unión Europea, sino que subrayan cómo los intereses geopolíticos y los afanes económicos priman sobre los discursos de derechos humanos y lucha contra el terrorismo. Esta es una exposición abierta y clarísima de la hipocresía occidental.

«Al-golani es la exposición abierta, clarísima, de la hipocresía de los gobiernos occidentales y el mensaje es claro. Los intereses geopolíticos, los afanes económicos priman sobre los discursos floridos acerca del respeto de los derechos humanos y de la lucha contra el terrorismo.»

La escalada de violencia y limpieza étnica en Sweida

El contexto actual en el sur de Siria es alarmante, con una violencia extendida en Sweida. Se han documentado al menos 401 ejecuciones sumarias y más de 1000 muertos, en un escenario que muchos expertos, y el propio análisis de Sánchez Marín, catalogan como limpieza étnica.

Esta violencia sectaria se ha desatado tras el derrocamiento del presidente Bashar al-Assad, en diciembre de 2024, y tiene como objetivo particular a las comunidades drusas, de las cuales Sweida alberga al 90% de la población drusa siria.

La descomposición de Siria, de la que el Gobierno de Al-Golani es parte fundamental, hace parte del plan general de desestabilización y fragmentación territorial que promueve y adelanta la entidad sionista de Israel en varios países de la región.

Las consecuencias, como desplazamientos masivos y alteración demográfica, tendrán un fuerte impacto en Siria y en los países vecinos, pudiendo generar milicias de autodefensa étnicas que repliquen el modelo kurdo existente en el norte.

La fragmentación del sur de Siria es, para muchos analistas, ya irreversible, y el régimen de Al-Golani carece de toda legitimidad internacional, a pesar de la convalidación que recibe de sus aliados, es decir, «secuaces» occidentales.

Implicaciones Internacionales y el Mensaje Estratégico de Irán

Las repercusiones de esta política occidental no se limitan al sur de Siria, sino que se extienden a todo el país, a la región de Asia Occidental y, en última instancia, al orden internacional.

El apoyo occidental a figuras como Al-Golani a pesar de las atrocidades cometidas, debilita profundamente la justicia internacional y los organismos internacionales. El hecho reduce los discursos sobre derechos humanos a «peroratas de quinta categoría”. Y se sienta un precedente sumamente peligroso en una región ya de por sí volátil, explicó el analista Sánchez Marín.

Desde la perspectiva de Irán y el «eje de la resistencia», el mensaje estratégico de Occidente es brutalmente claro: los intereses geopolíticos dictan las alianzas, sin importar los principios morales o el derecho internacional.

El apoyo a Al-Golani se basa explícita y tácitamente en su papel «anti-Asad y, por supuesto, anti-Irán”. Esto revela que la estrategia occidental busca desestabilizar a los actores que considera sus rivales en la región, instrumentalizando a grupos violentos y validando su impunidad, todo bajo un «discurso falso, falaz y traicionero”.

La devastación de Siria y la tolerancia hacia los crímenes de guerra cometidos por aliados tácticos, mientras se denuncia el terrorismo de otros, expone una realidad cínica donde la utilidad geopolítica prevalece sobre cualquier principio ético o legal.

Esto no solo erosiona la credibilidad de las instituciones internacionales, sino que fomenta una mayor inestabilidad y desconfianza en un mundo ya de por sí frágil.

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